Entre los incontables milagros y prodigios que el Divino Niño ha obrado en favor de sus devotos, hay uno que tiene el mérito de haber contribuido a que en todo Chile se propagara de manera portentosa la devoción a la Santa Infancia del Señor. Oigamos cómo lo narra la misma persona que lo obtuvo, la cual lo declaró bajo juramento, con testigos. Dice así: <<Me atacó una terrible enfermedad de flebitis a una pierna, que me postró por meses en una cama sin poderme mover, y con fiebre continua. Toda la pierna estaba horriblemente hinchada. Un dolor agudísimo en un tobillo me impedía andar y no me permitía ni siquiera colocar el pie en el suelo. El único modo de calmar los intensos dolores era tener el pie en alto, colgado de un cable. Desde el tobillo hasta la rodilla la pierna estaba totalmente hinchada y permanecía fría como un témpano de hielo.
Un día me visitó una persona muy devota del Niño Jesús y me recomendó que empezara una novena al Divino Niño. Y fue al templo del Niño Jesús y pidió a los sacerdotes que me encomendaran en la Santa Misa. Los médicos ya hablaban de que era necesario cortarme la pierna. Yo prometía en mi corazón al Milagroso Niño Jesús que si me curaba me dedicaría a propagar su devoción. Por un año todos lis tratamientos médicos habían resultado inútiles. Llegó el día de la Fiesta del Divino Niño. Los padres de la parroquia me mandaron una invitación para que asistiera a la procesión. Me costaba mucho asistir porque los dolores que sentía al moverme eran muy grandes. Sin embargo, me hice llevar en una silla de ruedas.
Cuando llegamos a la iglesia ya la procesión había partido. Entonces me quedé allí junto al sitio de las veladoras y me puse a rezar el Santo Rosario con toda fe.
Al final del Santo Rosario y cuando ya la imagen del Niño venía llegando al templo sentí algo raro en la pierna. Emocionada exclamé: <<Qué es esto: ¿Qué me pasa en la pierna que me hormiguea? ¡Está caliente! ¡Ya no me duele! Se está deshinchado. Miren cómo me queda el zapato ( que era enorme y cuyos cordones eran larguísimos para que alcanzaran y ahora habían quedado totalmente sueltos)>>. Y entusiasmada grité: << Estoy sana. ¡ Completamente sana! ¡Quiero ir ante la imagen del Niño Jesús para darle las gracias! >>
Mis acompañantes me miraban atónitos. Yo me levanté de la silla de ruedas y corriendo me dirigí hacia la imagen del Divino Niño caminando ágilmente, después de que hacía 19 meses no podía caminar.
Al padre que dirigía la procesión le fije: << Padre, el Niño Jesús me ha curado milagrosamente de una gravísima enfermedad. ¡Esto es un milagro maravilloso!>>
El sacerdote me miró asombrado y respondió: <<Quiera el Divino Niño que así sea. Esperemos a mañana y que los médicos determinen qué le ha sucedido.>>
Después de rezar un buen rato ante la imagen del Milagroso Amiguito Celestial salí caminando de la iglesia y en el atrio estuve largo rato saludando a mis amistades y recibiendo felicitaciones de todos los que me habían visto postrada e inmóvil en una cama y con peligro inminente de que me amputaran el pie.
Al llegar a mi casa me estaban esperando las personas de servicio en la puerta para ayudarme a bajar devla silla de ruedas y subirme en brazos al segundo piso, y en medio de la admiración de todos subí corriendo las escaleras para abrazar a mi marido que estaba allí con varios amigos que habían ido a consolarnos en esta grave enfermedad, pues creían que de la procesión yo volvería terriblemente adolorida y casi moribunda.
Los muchos amigos presentes no se cansaban de examinarme el pie. Me invitaban a hacer movimientos con el pie y yo no sentía dolir alguno. Corrí por toda la casa para que todos me viesen y se convensieron que mi curación había sido instantánea y completa. Todos pudieron comprobar que no quedaba rastro alguno de la enfermedad. Mi pie estaba exactamente igual al otro, y pude ponerme los zapatos que ya no usaba hacía 19 meses, y no sentí la mínima molestia.
Al día siguiente fui examinada por los eminentes médicos que antes habían tratado inútilmente de curarme. Todos quedaron admirados y no pudieron dar otra explicación a esta curación total e instantánea, sino a una intervención milagrosa del amadísimo Niño Jesús a quien con tanta fe le habíamos hecho la novena y le habíamos suplicado la curación.
Han pasado varios años. He regresado a mis actividades y no he vuelto a sentir ni el más leve dolor o molestia en el pie, como si jamás hubiera estado enferma. Con los testigos que presenciaron tan admirable favor del Divino Niño, afirmo con juramento todo lo que en esta narración he declarado. Y quiero propagar durante toda mi vida la devoción al Milagroso Niño Jesús>>.
Firmado: Rosa Fernández de Ruiz.
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